lunes, 10 de diciembre de 2007

El Mejor de Los Pacientes y El Peor de Los Médicos

Dedicado a mi futuro. Mañana rindo jejeje, deséenme suerte porque odio anatomia patológica y no se como me va a ir en el puto examen. Suerte a uds y sean felices :P , los dejo:



El Mejor de los Pacientes Y EL Peor de los Médicos

Discutiendo con médicos amigos sobre la gran diferencia de los pacientes que me van a tocar al día que me reciba y la variedad de médicos con los que me voy a cruzar, les comento lo que decíamos.

Paciente bueno: Hace lo que le decís, toma las indicaciones a pie de la letra y todo sale bien; si en verdad el Doctor tenía razón en sus indicaciones.
Paciente rebelde: No te hace caso, quiere hacer lo que se le da la gana, pretende llevarse al mundo por delante, van a la consulta para pelear con el médico.
Paciente promiscuo: Es el que se pasea por todos los doctores de las diferentes clínicas. Va a tu consultorio, le das el diagnóstico y te dice: “Si, ya sabía que tenía eso, me lo dijeron tres doctores más, gracias por todo”.
Paciente incrédulo: Nunca pero NUNCA te va a creer lo que le decís, a veces ni si se vuelve un paciente promiscuo.
Paciente amigo: Va a tu consulta a visitarte, y te da la orden de consulta de su obra social. Y vos le decís que no hace falta que te de la orden, pero la aceptas porque te pagan tan mal.
Paciente soberano: sólo el toma las decisiones sobre su vida y su cuerpo, no toma tus consejos y sigue su vida o lo que le queda por vivir.
Paciente bohemio: Toma tus diagnósticos pero busca una alternativa más Liberal, nada de ser tan estrictos en el tratamiento.
Paciente mentiroso: Es aquel que tiene que hacer una consulta programada de antemano para ver como va el tratamiento. Llega a la consulta y los análisis muestran que el paciente no siguió las indicaciones y encima tiene la “caradurez” de decirte: No se como paso esto, yo hice todo lo que usted me dijo. Cuando es evidente que no lo hizo, y el médico lo sabe.

Esto entre otros pacientes, algunos más graciosos otros más lastimosos. En cuanto a los doctores tenemos a estos tipos, entre otros:
Doctor mediocre: Hace todo a medias o no lo hace. No estudia después de recibido, le importan poco sus pacientes, no se sabe si es su vocación ayudar a los demás.
Doctor Chapatín o Patch Adams: Está limado hasta las manos. Cura con sus risas y buen humor, los pacientes los quieren muchos. Los colegas los detestan porque su simpatía les quita “pacientes”.
Doctor mercantilista: Es aquel al que sólo le importa el clientelismo y el dinero. Sus preocupaciones no abarcan a la salud en sí, sino que se aprovecha de sus colegas que sí quieren curar para hacer dinero, los explota.
Doctor del campo: Es el médico del pueblo. Generalmente sus pacientes siguen estrictamente sus órdenes. Si se equivoca, no importa porque no pierde a sus pacientes, no existe competencia a menos de 100 Km.
Doctor bueno: Es el médico capaz de conocer y reconocer sus limitaciones, por ejemplo cuando un caso supera sus conocimientos derivando al paciente a un colega más instruido en el tema.
Doctor incompetente: mejor no hablar de esos.
Doctor envidioso y competitivo: Es aquel que se está fijando todo el tiempo en como anda tu trabajo, descuida el suyo. Esos son los peores colegas, hablan mal de vos para quedarse con tus pacientes. Todo el tiempo compiten por ser los mejores, y dejan de ayudar a los demás.

Ahora vamos a ver los mejores y los peores, tanto médicos como pacientes:

Empecemos con el Peor Paciente: Son pesados, no tienen nada o tienen un simple dolor de cabeza que se los curan con una Bayaspirina y te inventan todo un formulario de síntomas que no siente, sólo para no sentirse unos boludos al haber ido a la consulta por algo tan mínimo. El Mejor médico: Es el que sabe que no todas las enfermedades tienen cura. Es aquel que tiene los pies en la tierra y sabe que la muerte es parte de la rutina y no se bajonea y sigue adelante, porque sabe que el es necesario para sanar a los que necesitan su ayuda. Es el verdadero médico de cuerpos y almas.
El Mejor de los Pacientes: Desde el punto de vista médico, el mejor paciente es aquel que tiene un caso súper interesante, difícil y que sólo los mejores médicos pueden curarlo. No sólo desde el punto de vista orgánico, sino que psicológicamente también necesita ayuda. El no quiere tu ayuda, pero hay que dársela, aunque el no te la pida, por ser tan orgulloso. Es el que sabe que no puede valerse por sí mismo para afrontarlo sólo, pero es incapaz de darte las gracias por haberlo ayudado una vez curado, sólo el tiempo los ablanda y los deja capaces de seguir soñando. Una vez obtenida la cura (tanto el mejor médico, como el mejor paciente) se miran y no hacen falta palabras para describir la satisfacción de ambos.
En cuanto al Peor de los Médicos: Es aquel que ha curado demasiados en su vida, ha estado entre la espada y la pared varias veces, nunca se le ha muerto un paciente y todos se lo agradecieron. Es el que sufre el no poder curarte, sufre en demasía. Es feliz, hasta que se encuentra con el Mejor paciente y se da cuenta de la pelea que le traerá tratarlo. El peor Medico es incapaz de pasarle el paciente al mejor de los doctores, porque como el nunca perdió, cree que podrá curarlo. Lo que nunca sabrá el peor doctor es que todo hubiera sido más fácil si hubiera sentado cabeza a tiempo. El médico es capaz de curarlo al paciente, pero el paciente se rehúsa y eso los mata a ambos. Lo mejor hubiera sido no conocerse. Ambos terminan muriendo al final de la historia. Pero lo que tienen que entender es que uno tiene que dejar de tratar curar a los mejores, y el otro tiene que dejarse curar, pero por el mejor de los todos.

Espero nunca ser, ni sufrir tanto como el Peor de los Médicos. Y si algún día soy el mejor de los pacientes, encontrarme con el mejor doctor.

Quiero multiplicarlo por mil millones

Dedicado a los deseos de enamorarnos que llevamos dentro, a las cagadas que nos mandamos mientras estamos enamorados y a vos: que sembraste en todas las islas de la moda las flores de tu gracia . Corto pero lindo. Voy a ser cobarde (según me lo ha dicho una amiga y una canción en alguna noche de alcohol) al culparlo al destino si nos vuelve a sentir lo mismo, pero enserio sería su culpa si se volviera a repetir. Comenzaría todo de vuelta pero no en días de tormentas electrónicas que cortan el suministro de energía eléctrica, sino que se daría en un día soleado mientras estemos tomando sol u oliendo el aire brillante. Y si no nos juntásemos nuevamente sería no culpa del destino, sino nuestra culpa. Pero cualquiera sea nuestro rumbo, quedarán en mi recuerdo todas esas cosas lindas que sentí y de las que no me arrepiento.

Me enamoró...
Me enamoraba el filo de sus arrugas, el orden aleatorio de sus dientes, la posición que tomaban sus labios entreabiertos o la manera de pestañear que tenía cada vez que sonreía como si estuviera en la niñez.
Me enamoraban los tonos de su voz (escandalosamente altos), como se agitaba o como se tiraba hacia atrás cuando se reía a carcajadas, como si viniera del lugar más feliz del universo (¿será “Mundo Mágico”?).
Me enamoraba su perro molesto, como jugaba con el, como lo “cagaba” a trompadas cada vez que se subía a su cama, como el perro del orto mordía mis huesos al entrar a la casa.
Me enamoraban los rituales que hacía (y seguramente los sigue haciendo) para perfumarse, que me encante su perfume más barato y deteste su Paco Rabanne.
Me enamoraba que me haga el desayuno (que no lo tomaba), que me cocine “tarta-chicle”, que me mienta sobre su cocinar, que le encantaba ese sabor de helado con cerecitas picadas.
Me enamoraba que viva en mundo mágico, un lugar apartado del universo, lleno de gente que no me conocía y que me ignoraba (por suerte).
Me enamoraba que sea tan diferente a mí, que me haya dado vueltas la cabeza, que me haya mostrado su mundo (completamente diferente al que llevo) y que me de cuenta de los errores que cometí al prejuzgar, eso me enamoraba mucho, me tiró para atrás. Me enamoraba su manera de enseñarme.
Me enamoraba que me mienta de la manera más inocente y que niegue que eran mentiras, sabiendo que eran petizas.
Me enamoraba su patética imitación de mi risa de “lelo”, como me miraba mientras yo reía y como nos reíamos juntitos los dos.
Me enamoraba que se abra en mis brazo y llore cálidamente a mi lado, sentir que sus lagrimas humedecían el pañuelo de mi corazón, ser por un segundo su pilar.
Me enamoraba que me recalque los errores corporales: mi cero-culo, mi pelo / pasto seco, mis granitos de púber, etc, etc, etc. Jajájajajjaja!
Me enamoraba que se ría de mis boxers por las rodillas (al igual que mis jeans), o de mi pelo desaliñado o de mis zapatillas que deforman mis deditos del pie.
Me enamoraba que se enoje porque interrumpía sus sueños al ir tan seguido al baño, que se enoje por mi barba larga de carcelero, o los eructos que desprendía desde muy dentro de mi ser.
Me enamoraba discutir lo que hacía, y que me discuta lo que yo hacía.
Me enamoraba mirar sus ojos y llegar a su alma.
Me enamoraba que en cada beso que le daba tenía que dividir su enorme boca en sectores para acabar de mojarla, que me “comía” la boca en todos los sentidos posibles, y que cuando se levantaba su boquita insaciable se hinchaba como si creciera por las noches.
Me enamoraban sus caricias que me terminaron por gustar a tal punto de inventarlas cuando duermo solo.
Me enamoraba que me prohibía partes de su cuerpo como el ombligo o sus pezones no erectables, y a mí me encantaban esas partes, tanto como el relieve de su cintura.
Me enamoraba dormir a su lado, que su cuerpo exceda los límites de su ropa interior, creer que se dormía con mis caricias, besar su espalda, tocar las partes que me prohibía mientras soñaba, que me abrace mientras yo dormía y me despierte todo acalorado.
Me enamoraba en la cama, es obvio, pero me lo reservo para recordarlo en mis plegarias.

Si vuelvo a sentirme así, que la próxima vez sea mucho mejor aún.