lunes, 9 de agosto de 2010

La poesía

Las palabras, cual Caballo de Troya, habitan en tu cuerpo; me atacan desprevenido.
Entonces meto la mano por detrás de tu orejita y hago nacer la poesía que se posa en mi lengua, que hace mucho muere de amor por vos.
Pecesito.

lunes, 2 de agosto de 2010

A mi me paso una vez que


...A los diez años, cuando Marta espigó de golpe y él tuvo la apendicitis supurada, los juegos asumieron estilo, elegancia. Ya no iban improvisadamente al jardín, apenas doblada la servilleta; usaban la sobremesa para madurar el empleo de la tarde; ingresaban en las diversiones intelectuales, los blocks recortados para hacer papel moneda, secantes y sellos de goma, un escritorio a veces banco de préstamos, a veces oficina pública. Sólo la hora alta del calor, con el jardín llamándolos, imponía los prestigios de la siesta; si reincidían los juegos de guerra, ya entre carreras y prisiones insertaban planos de tesoros, partes sonoros, discursos y sentencias de muerte; con rescates o ejecuciones a fusil, en las que Carlos María se desplomaba lleno de gracia y heroísmo.
El sauce era alto pero lo escalaban en dos saltos. Tirado en el pasto caliente, veía él oscilar las piernas de Marta, a caballo sobre la primera bifurcación. Estaba muy quemada hasta el tobillo, después venía una zona de color trigo donde a veces había medias y a veces no; desde la rodilla hacia arriba era blanquísima, en la penumbra de campana que le hacía la pollera adivinaba el color aún más blanco de los calzones cortándole los muslos. Carlos María no era curioso pero un día le pidió que se sacara los calzones para ver. Después de hacerse rogar un rato (estaban entre las cañas que sumían una vieja fuente sin agua), Marta lo dejó que mirara, sin permitirle acercarse. Carlos María no se impresionó, había esperado algo más escandaloso, más prohibido.
-Tanto trapo para eso -fue su sentencia-. Una rayita y se acabó. Nosotros es otra cosa.
Esperaba que Marta le pidiera lo mismo pero ella se vestía sin mirarlo. Ya no hablaron, tampoco hicieron guerras esa tarde. A Carlos María le pareció que ella se había pueto más vergonzosa desde entonces; pensó que era idiota, justamente después de haberse desvestido tan mansita. Coincidía con los compañeros de grado en que las chicas eran estúpidas. Les contó a los íntimos que su prima le había mostrado. Todos se rieron menos uno, que tenía trece años y pelo colorado. Miraba a Carlos María sin decirle nada, pero a él le pareció que el colorado estaba pensando en algo. No se animó a preguntarle, siempre le había tenido respeto porque el padre era de la policía montada...


Fragmento de LOS GATOS, por Julio Cortázar, por siempre en nuestros corazones.

martes, 27 de julio de 2010



A Veces me pasa esto de encontrar las tomas de la pantalla en alguna carpeta de la computadoray recordar un poco aquello que paso hace tanto y hace poco. Esa teclita que está por ahí y si setoca. Bue. Termina en cualquier cosa.



Pameos


Mis dedos saborean un collar

tu mirada gris asesina

tómame despierto entre tus piernas.

Me hubiera gustado pasar

una o tal vez dos vidas

acariciándote los flancos luciérnagas.

Desnudo y con cicatrices blancas

en mis sueños te apareces

flor, pétalo, hojita.

En el jardín de manchas

secretos azules, rojos, violetas

una cortina con volados deshace al alba.

Entre voces algo lejanas

a la pared la siento fría

intercambiamos los lugares en la cama.

Si alguna vez volvemos al páramo

no prometo ser tu Heracles

sí besarte sobre el pasto como Morfeo.

lunes, 26 de julio de 2010

Uno y días como esos.

Tomamos unas chevas? Dijo uno. Bueno dale dijeron casi al mismo tiempo. Uno se puso a tocarle el cordoncito de la capucha de su campera, mientras el otro hablaba de la seguridad. Un vacío entre ellos, la separación, la palanca de cambios, uno en cada asiento, la seguridad en otra parte y en el cinturón. Es que sí, detesto la seguridad, detesto la gente que va a lo seguro, o sea ¿con qué necesidad? El del asiento del conductor seguía mirando, escuchándolo, Es que sí para qué quieren la seguridad, no se necesita, estar expectante a que algo va a salir mal si no ponemos esto o lo otro sobre la mesa, entonces también las religiones nacen de la falta de seguridad de la gente, o esa cosa que se llama ser precavido. Arrancó el auto y salieron a dar unas vueltas, el acompañante seguía, lo seguro es una mierda pura, mil ojos de argos, todos somos inseguros y la belleza está en las vulnerabilidades, en los talones de Aquiles que tenemos, en la porción de la espalda de Sigfrido que se le pegó la maldita hoja de tilo ¡Qué hoja de mierda! Doblaron en una calle oscura, frenaron frente a un parque con pista de skate. Si él se hubiera dado cuenta de que no todo su cuerpo fue bañado por la sangre del dragón, pero bueno, no salió. Es que si sabés que algo es seguro, sería aburridísimo, ahora nos tiramos en la cama, nos sacamos la ropa, hacemos el juego del amor o del sexo o de la palabra muda o de lo que fuera. Ignorar el futuro suele ser la mejor parte de estar vivos, dentro de la cual, es importantísimo estar atentos a esos sucesos que podrían llamarse improbables, pero que son los más dulces. Tomar la rienda de acuerdo al segundo vivido, sí, lo otro ya se fue, estamos en otra. El conductor lo miraba, como ido en otros pensamientos, entonces tenés que dejar la seguridad y tirarte de lleno en esto que no sabemos bien que es, que no es ni bueno ni malo ni lindo ni feo, dejar de lado la moral, tirarse al vacío y llenarse de eso. El conductor comenzaba a tocarle las manos al acompañante, las miradas entre las palabras, la calle oscura, los ojos brillantes, es que si ya te conocés la historia por completo ni vas a querer vivirla, es obvio que si me iban a matar en la calle hoy no iba a salir, no te parece? Bueno entonces, si nos entregamos ciegamente a la muerte, por qué no podremos entregarnos sordamente a la vida, eh? Se miraron un rato, nadie dijo nada, el juego ya estaba jugado. Por eso me molestan esas personas que se aseguran de mil cosas antes de salir de su casa. Si no se puede no se puede, y listo. Aceptar es parte de la vida también, dejemos de forcejear las cosas, somos ladrones de nuestros destinos, somos lo peor que nos puede pasar si actuamos de esa manera. Sufrimos, todos sufrimos, así que nada de miedo. Yo cuando veo a alguien un poco cómodo, dudo! Dudo mucho. No puede ser que estés cómodo en la vida, la comodidad se fue cuando te parió tu madre entonces no me vengas con que sos el pibe más tranquilo del mundo por que no da. Decíme aunque sea que no te gusta el puto suelo que no para se ser tan duro, decíme lo que quieras, menos que todo esta bien. Odio completamente eso, nada sigue bien después del parto, el útero es el lugar más cómodo del universo, ni los sueños ni la droga ni el alcohol, pero, decíme aunque sea que las cosas podrían estar peor. Odio que se hagan los que está bien y busquen esa miga de seguridad, que en realidad no significa nada más que una creencia para ellos, no? No se miraron, cerraron los ojos y las bocas se encontraron en un beso que abrió la noche hacia otros juegos de azar. Qué lindo cuando podés pasarte horas atándole hilos que encontrás casualmente por la vida, a alguien que encontrás casualmente por la vida, en esta vida que nos encuentra aca, juntos en el auto. A uno le faltan más días como estos para sonreír todo el año.

viernes, 23 de julio de 2010

Juegos mentales

Al poco tiempo de conocerse ya se quisieron. Poco es una cantidad pobre y nada clara para evidenciar el paso del tiempo, sobretodo cuando poco refiere a la necesidad de mantenerse en contacto con el vidrio de las agujas del reloj, esas perras frías que no paran de latir. Entre tanto un paso era un paso, y seguían conversando con entropía, paradójicamente de la locomoción en el vacío. Y lo bueno en todo esto era que ambos desconocían sus nombres, direcciones y sueldos. Usted imaginaba de todas maneras los posibles caracteres que podrían conformar el nombre de aquel hombre tan culto y enigmático, quizás empiece con M o con L, usted se fascinaba pensando en que podría llamarse Martiniano o Lautaro. Siempre tan pudoroso, no lo miraba tanto a los ojos, sin embargo observaba minuciosamente el nudo de las zapatillas, el callo del dedo índice del hombre que lo acompañaba a quién sabe dónde, e imaginaba ahora Lautaro o Martiniano atándose los cordones, escribiendo una sarta de poesía simplista y recopilando información sobre la física, descansando de vez en cuando para que no le duela el dedo índice, el callo en formación, la lucha de las inspecciones y el diálogo. Sería posible también que se llamase Roberto y lo llamaran Beto o Tito y que eso no le agrade demasiado a usted, y que lo deje por no ser lo que en realidad usted siempre pensó que él era. Una pena pensar que lo lindo del momento estaba yéndose por la cloaca de Santa fe y 25 de Mayo ¿Ya estamos en Sante fe? Se pregunta usted algo consternado. Seguían caminando, la noche se hacía más de noche y ustedes se hacían menos ustedes y más usted y él. Y no es por culpar a nadie, pero el que tiene la culpa acá es usted ¿con qué necesidad me dice que era tan importante imaginar que le decían Beto? Pues está bien claro que mientras Beto le contaba sobre La importancia de llamarse Ernesto, usted pensaba que el podría en todo caso no ser un San Martín, sino más bien una especie de Salomé ¡Qué cultura gay de mierda! Hablar de la heterosexualidad por el simple hecho de que si hablaba de la homosexualidad iba a ir preso, pero ¿no fue preso de todas maneras? ¿Y Bosie? Es terrible tu historia, pero te quiero Oscar, en lo más profundo de tu ser viven las bellezas de las piernas de los griegos, de todas maneras preso por puto. Se le han encontrado rastros evidentes de sodomía activa y pasiva, pobre Oscar, yo te hubiera amado a pesar de que te llamases Robert o Jhon. Pero acá no estoy yo. Está usted haciéndose el serio, intentando caerle bien al chico sin nombre ¡Qué delicia ignorar su documento! Pero a usted le asusta todo eso. La palabra empieza cuando las letras se escriben en su mente. Esa terrible paranoia de ir escribiendo mentalmente las palabras que las dice el dialogante sin que se pierda el hilo de la conexión interna. Tratar de interpretar. De eso se trata todo el tiempo, ver las figuras mentales de las letras, ponerle colores según la entonación, la forma de su boca diciendo “movimiento”, todo entra en el juego.
De repente se tiraron frente a un árbol sin nombre, se miraban, se tocaban. Se besaban. Lamentablemente no se dio, pero a veces esas cosas pasan, y los planes son esas otras cosas que nos hacen sufrir. A usted lo que le falta es dejar de pensar y comenzar a vivir en el vacío. Vivir. A uno no le falta nada, pues no planeo todo lo que nos pasó.

martes, 6 de julio de 2010

A veces quisiera uno tener pecas

El pelo hacia el costado, la pose mientras nadie mira, las zapatillas perfectamente limpitas. El chupin o las botitas. Usted se sabe lindo y hasta hermoso y pretende ser humilde. Sonríe casi como desconociendo que los demás lo miran con deseo, que el beso que no le dan es el que no permite; usted es egocéntrico y lo sabe mejor que ninguno. Histriónico por definición, poeta del cuerpo por falta. Ya se cansan de observarlo y se animan al diálogo y a la sumatoria de gestos, los labios como para afuera, los párpados como relámpagos, las mejillas. Mientras todos se muestran usted posa, y se hace creer que no entiende el por qué de las situaciones, nadie habla con nadie por las noches si no quisiera nada señor. Usted se vuelve sólo a su casa. Marchito. Tendría que aprender a demostrar que tenemos una fuerte atracción por los mirones ¿se podría hacer algo con eso? En cuanto a lo que a uno le respecta, cuando le hablan con vergüenza y hacen cosas con los dedos, uno desearía tener un poco de pecas en la nariz y otro poco por debajo de los ojos. Para enamorar a esos que no te miran cuando te hablan, a esos que tiemblan. Uno volvería feliz a su casa con una nueva mirada de un nuevo enamorado, de la noche anterior que lamentablemente ya pasó. Y colorín colorado. etc. A veces uno quisiera tan pocas cosas para dormir lleno.

lunes, 28 de junio de 2010

Los sueños de uno

Al uno que tiene usted y que enamora

al más uno de mis unos

Tu cuerpo

Un vestido desnudo listo para

Mis besos

Pábulo necesario que provoca

La risa

Me mira atentamente desde la boca

Ríe

Y me da cosquillas violetas en

Los flancos

Que imantados atraen por completo a

Mis manos

Pinceles de cinco cerdas que pintan

Tu piel

El más suave de los lienzos

Bendito

Eres en mi habitación muda

Yo tu él

Nunca hay ella entre nosotros

Los recuerdos

Que no tengo son

Los momentos

Que nunca hemos vivido y

El mundo

Es todo lo que le sobra a uno desde

Mi dormitorio

Cuando respiro así,

Papelito de celofán

Grillito

Semicorchea

Te quiero mucho y nunca te he tenido aún

Mis sueños

Atrapados en los tuyos y

Las pesadillas

Fugaces, como los ustedes, se han ido

Y uno

Es todo lo que queda entre nos

Te quiero

Entre mis sábanas y no

Pecesito, amapola

Luciérnaga

Siestita.

viernes, 25 de junio de 2010

De lujos y demás yerbas

El sillón egg frente a la lámpara art deco sobre el escritorio. Algún que otro sillón Madrid o Barcelona dando vueltas. Las luces en armonía con la entrada de luz del exterior. Usted: exquisito y casi siniestro. Van Der Rohe, Baliero o Aalto se codean con su casa, un estado de complejidad perfecta. La verdadera belleza, las formas, todo entra en un cuadro de simple similitud adicional al centro de las oraciones más efímeras. Como decir por ejemplo: la luna que llama, que a tientas mira, entre tanto todo se deshace sin figurarse por completo, en la tierra el río y sobre éste el reflejo abanicado de una luna que sonríe. En la cama doradas sábanas de algodón egipcio de mil hilos, la pasión de una pareja bien acentada. Relaciones por semana: 2 con suerte. Entre tanto, la cocina un lujo, por no hablar del baño que se consume mientras se lo ve. Al que tenga que le den, que porcelana, que mármol y marfil, que tupé.

En cambio en otros lados asoma una simple cortinita, el pasto en la maceta vacía, la mesa de plástico y las sillas de madera, la cama de una plaza. El baño. Las cenas más lindas, miles de escenas de amor sobre la cama o el suelo, la luz entrando por los agujeros de las cortinas. Es cierto muchas veces. A uno le basta con tener un techo para estar bien. Centrado, contento y un poco feliz también

jueves, 17 de junio de 2010

POR FAVOR, TENGA EL VALOR DE MATARME


Por favor, tenga el valor de matarme ahora mismo, hágalo de una vez, ya ni siquiera me aguanto. Y se lo digo a usted, señor y señora “natural” que me considera un bicho raro, una piedra o menos. Algo tan audaz capaz de escaparse de la declaración de los derechos humanos, algo que no corresponde a la familia humana, algo NO igual, algo completamente alienable a los derechos. Y es un decir que se lo digo, se lo estoy pidiendo, en verdad, ya no merezco la vida si ha de ser como usted la proclama. Es que para seguir así no sigo nada, si fuera tan valiente seguramente ya me hubiese suicidado, pero prefiero que mi ejecutor sea usted. Usted que considera “natural” tirarme un insulto diferente cada día sólo porque camino diferente, porque si soy mujer visto muy masculino, y si soy varón no debería mover la “cola” de esa manera; y si soy transexual prefiero ni hablar, porque estoy muy por debajo de la respetabilidad, y la página del diccionario que contenía a la palabra respeto la he quemado en la chimenea junto a mis sueños de igualdad.

Tenga el valor y máteme ahora mismo, por favor. Y si se lo pido a usted es porque sé que ser heterosexual lo hace igual a todos, y es por eso que siendo heterosexual usted cría hijos modelos que no son homosexuales como yo o mis padres homosexuales o quizás asesinos o alguna otra aberración de la naturaleza. No, porque usted no cría ni hijos mentirosos, y mucho menos corruptos; usted los cría a imagen y semejanza. Sus hijos no sólo saben el padre nuestro sino que también saben aceptar a cada una de las personas que pertenecen a su población. Muchas gracias por criar hijos como esos.

Tenga el valor y máteme ahora mismo. Que si se lo pido es porque sé que usted defiende a la familia y a partir de ésta ejerce su derecho de protección de la sociedad y del estado. Porque si uno como yo tuviese que adoptar un hijo saldría trastornado, como yo que soy tan perjudicial para la salud de la nación y del mundo como lo es un cigarrillo. A usted que tiene una familia bien conformada regida en las leyes de dios, que sabe que la fidelidad está en el matrimonio; que no cree en el cuento de que las mujeres que por las noches están en las calles sean prostitutas, y que sabe perfectamente que si lo fueran, la prostitución estaría en decadencia pues sólo utilizarían ese servicio los adultos solteros o viudos y heterosexuales como usted. Benditas sean.

Tenga el valor de matarme. A usted se lo digo, que es un sabio y conoce la historia y la filosofía desde la A a la Z. Bendito sea usted que todo lo recuerda y todo lo sabe. Bendito por recordar esas ciudades Sodoma y Gomorra, las únicas ciudades que albergaban perversos sexuales. Usted sabe muy bien que en ninguna otra ciudad ocurrieron actos de esa índole, y que en Grecia la homosexualidad no existía. Gracias por recordar, gracias a usted entonces Dios no le dará lluvias de azufre y fuego a la nación que habita la gente normal y natural como usted.

Tenga el valor, hágalo. Que sólo usted tiene derechos. Uno, por ser homosexual tiene como deber pagar a tiempo los impuestos sin ser un ciudadano completo. Uno, homosexual como es, no puede casarse, y si acaso mi pareja (del mismo sexo) llegase a morir, uno no podría cobrar pensión ni seguir teniendo su obra social, pues uno ya no es ciudadano, si no un esclavo de usted. El dinero de mis impuesto bien va hacia la educación de sus hijos ¿Y los mios? Ah, cierto que no puedo adoptar. Si, todo es egoísta. Querer tener un hijo es egoísta, querer recibir dinero de un muerto es egoísta, ego puro somos los homosexuales. Tanto que sólo pedimos que nos traten de la misma manera que a usted.

Hágalo ya, tome el arma y máteme. Que si ya no puedo salir a la calle sin insultos, que si ya no me respetan, que si desacreditan el amor verdadero que siento por alguien del mismo sexo, que si no podré tener hijos con mi pareja pero si soltero, que si sólo se fijan en mis deberes como ciudadano y no en mis derechos, que si la excusa es siempre Dios, entonces así no quiero vivir. Y aunque me duela la bala mientras entre, no me va a doler mucho más que esta vida, prometo no quejarme. Lo juro por Dios.

miércoles, 9 de junio de 2010

De la locura de uno

Usted sólo puede decir que es maravillosa y hermosa, pero nunca haría eso. Usted prefiere, como la gran mayoría, separar a los que considera diferentes.

viernes, 21 de mayo de 2010

Días de abuelas y ayeres

Usted se despierta y lo primero que piensa es en la vida que le resta durante el día; eso de la secretaria diciéndonos el padrenuestro de cada día en cuanto a los negocios, lo atascado de la parada de ómnibus o la boletería del maldito tren de las 7:15 que seguramente tendrá retraso. Usted se agobia y quiere dejar de laburar para otro, el argentino no trabaja sino que sienta cabeza y a usted no le pasó ni lo uno ni lo otro. Se levanta finalmente tras los preludios y resuena en el baño la canilla con agua terriblemente fría en un baño asquerosamente sucio; usted se mira al espejo y le da arcadas su imagen roída por los años de servicio a la población, piensa que lo mejor sería revolcarse en una hamaca en Cancún o Mar del Plata. Quizás no se sabe lo suficientemente seguro como para dejar un trabajo que a nadie le interesa, que a sus pares les parece patético y a sus padres vergonzoso. Pero vender libros de puerta en puerta es una vocación con boca y con palabras y con gente y con gestos y otras muchas cosas más. Ahora se siente desorientado, buenos días señora estoy ofreciendo enciclopedias ¿tiene niños?, y Uno quisiera si pudiera estar tirado en una plaza mirando el recorrer de las nubes o aquellos pájaros que vienen o van a quién sabe dónde, no soy viuda mi marido falleció el mes pasado, y parece que no te conformás con eso además querés saborear las hojas de menta que tanto te recuerdan a la abuela y el patio con el árbol más grande del vecindario la abuela gritando ¡nene no me pises ni los malvones ni las mentas!, qué terrible mis pésames ¿acaso conoce de algún vecino que tenga niños a los que les puedan servir estas enciclopedias? vienen a color ¿ve?, y el nono sentado en aquella vieja silla mecedora verde agua a la que no te dejaban subir porque eras un niño y eras hiperactivo y algo malo, no la verdad que no sé de ninguno pero si me dejás tu tarjeta podría contactarte cuando mis nietos necesiten algo para el cole, el abuelo ríe mientras fuma vos corrés después de pisotear las plantitas y la abuela te está siguiendo con una escoba que agarró del lavadero, no la verdad que ahora no tengo tarjeta pero me pegaré una vuelta otro día y veremos si están sus nietos buenas tarde, la abuela lo encuentra encerrado en el placar usted se ha cavado su tumba, adiós joven buena suerte, la abuela te marca de pies a cabezas si las tuvieras y te deja en un rincón de penitencia, era uno de esos vendedores pesados como ellos no más pueden ser ¿querés que te haga un matecito papi?, uno se queda llorando hasta que llega tu padre y le da la razón a la nona todos saben que usted es un salvaje pero usted sabe que uno es el salvaje, no gracias no voy a tomar mates me voy a dormir vieja, entonces usted llora y uno llora y todos enojados con usted y uno enojado con todos ¿acaso no sería más fácil si se pudiera pisar unas plantas chotas?, usted sigue el camino que sigue y de repente se ve a los 40 haciendo lo mismo vendiendo biblias o peor, uno mientras tanto sigue pensando en lo bueno que sería estar tirado en esa cama del departamento más cómodo de la ciudad.

lunes, 10 de mayo de 2010

Usted es Uno

Con miradas dije muchas cosas. La lágrima cayendo y la mejilla conteniendo. Y me di cuenta que lo mejor que tiene usted es uno. Y en usted viven innumerables unos.

lunes, 3 de mayo de 2010

Sin título 2

Después de una ardua semana de trabajo y de lecturas complicadas uno se decide darse tiempo para el ocio, y ya no opta como en otras épocas por sentarse una noche a mirar el cielo perfectamente estrellado de su hemisferio, sino más bien prefiere la compañía de sus pares, la socialización al exilio. Entonces usted se para frente al almanaque y al reloj y comprime en tres oraciones inconclusas el paso de su vida por la tierra, y se siente contento y amable. Hasta de momento cree ser solidario, parte de la globalización y un poco bonachón por haber ayudado a cambiar el terrible curso del mundo, de lo inhóspito hacia lo habitable. Y para no sentirse menos, ya que hoy en día se sabe que todo el mundo es como usted o quizás mejor, se conforma con ser útil en la vida.

Una vez fundido los pensamientos del yo y de lo terrestre, usted concluye que es hora de existir nuevamente y ve las posibilidades que aporta la ciudad para su merecido fin: disfrutar del placer con los demás habitantes de su ciudad o pueblo o lo que sea. Y dentro de los eventos a los cuales puede asistir, ya no elige los café literarios que últimamente están de modas y han invadido la ciudad en cada esquina como si fueran alguna de esas empresas internacionales en busca de nuestro dinero; sino que desde esa casa tan humilde pero elegante y al ritmo de Johann Krebs (harto ya de Bach) concluye que la mejor de las opciones sería ir a una discoteca de esas a las que ya poca gente concurre. Además esos lugares ofrecen actividades varias, dentro de las que podríamos perder el tiempo con banales enumeraciones. Ya listo, perfumado y bien vestido según el protocolo inglés, llama a sus amigos, que abundan pero prefiere la presencia de unos pocos. Ellos lo atienden con tonos algo agresivos, pero ceden a la invitación de presenciar el boliche y posponen su cita con el café literario para otra ocasión. Entonces ya embarcados en un taxi ustedes llegan al lugar, un verdadero orgasmo visual ante tal obra arquitectónica jamás vista. Entran y se encuentran con los ciudadanos más preciosos y cultos, y de esto surge su primer incomodidad al ver tanto desparramo de grandeza concentrado en el local, por lo que no sabe muy bien cómo obrar allí, y piensa que lo mejor es dejar que pasen un poco las primeras impresiones y luego interaccionar con alguna que otra señorita. Ya es sabido que con cualquiera podría hablarse de Parménides y su noción del no-ser o sobre el por qué de las multitudinarias lecturas de Leibniz. Luego del primer espasmo de decadencia, se lo toma todo con más calma, se acerca a la barra lentamente junto con sus amigos y piden una bebida para pasar el rato. Ya con un vaso en mano, se siente más seguro y se moviliza cerca de la muchacha más bonita del lugar, esa muchacha que la recuerda a Coco Chanel y que tiene los dedos de Eos. No es usted el único que se le arrima, hay varios hombrecillos luchando por charlar con ella, pero se hace la difícil como de costumbre en esos lugares, y tiene un mecanismo de filtro nunca antes visto: antes de poder hablar con un hombre, éste tiene que adivinar su acertijo. Usted es dentro de los pocos que logra acertarlo, y ella le concede el don de su palabra, ya que su belleza está condensada para todo el público. Pero ocurre algo muy desagradable con ella, la conversación torna de lo genial que tiene el azar en un momento como éste a lo malísimo que es clasificarlo a Mallarmé como un poeta maldito, y como ella no está de acuerdo con su opinión deja de hablarle aunque le parezca un buen partido y se retira hacia el toilette. Menoscabado, usted cree que lo mejor es apuntar más bajo, y se pone a discutir con una chica mas bien poco linda. Y como ya es sabido, no se puede discutir con la gente mas bien fea de nada, porque lo que no tienen de bello lo tienen de cabeza. Entonces ella lo supera en sus reflexiones y refuta cada una de sus palabras, haciendo de la comunicación sea mínima y poco productiva para el fin que usted se propuso: amar a una mujer esa noche. Algo mas deteriorado se dirige hacia el sillón donde sus amigos están sentados y ya no piensa más en buscar a otra mujer que se lleve la mejor parte de su cuerpo que es ese corazón podrido de latir. En cambio prefiere seguir la noche bebiendo bebidas ultra fuertes para callar esas voces que lo persiguen y le dicen: eres decadente, todos aquí son mucho para ti. Sus amigos, enojados por su actitud lo dejan sólo en el lugar, y salvan lo que queda de la noche en un café o quizás en una biblioteca que quede cerca. Al pie de la letra usted se queda en un boliche emborrachándose mucho y enamorándose poco. Luego llega a su casa pobre y sin desamorado, y come lo que quedó en la heladera de la cena anterior. Se cepilla los dientes y frente al espejo del baño se siente lo más triste del mundo, un clown con lagrimitas o un mimo, escupes la espuma dental. Se acuesta y no quiere soñar, pero antes de dormirse vislumbra una esperanza: de todo el mundo te corresponde una parte, eres joven y aunque ya nadie le de valor al corazón debes sentirte alegre porque no has encontrado aún lo que los demás creen que si. Una vez en la almohada te sumerges sin querer en un sueño leve, pues no te han quitado eso por las noches. Buenas y hasta mañana cama.

lunes, 26 de abril de 2010

Diario 2

A Toto Garay

Un profesor de literatura que hubiera elegido

Un colchón se compra en Rivadavia y Junín, en una ciudad donde la soledad no acecha a todos, y donde los árboles crecen increíblemente verde, alejado ya de su reposo provisorio es tirado sobre la cama de un dormitorio de la familia García. Entre las ventanas enormes entra el sol y lo ve ahí tirado cada día, sin más que poder servir de vigilante del sueño de Franco y su actual amor.

Ahora estamos tirados sobre la alfombra de mi dormitorio pero pronto nos avecinaremos, irreversible y vehemente, a la danza del amor. Lo sé porque tienes esa forma de mirarme, ese espejo, esas pulseritas en tus muñecas de quién sabe dónde ni cuando. Además tenías esa forma tan poco ordenada de doblar el dinero en tu bolsillo, las comisuras a medio sonreír, una remera blanca y esa voz tan suave y tan lenta que podía calmarme en los momentos más adrenérgicos. Tenías un montón de cosas que sólo yo las veía, pero sobre todo tenías literatura, poesía. No, quizás me equivoco, no quiero hacerlo pero es posible, vos vivías en la poesía, como si acostarse no fuera acostarse sino sembrase contra el pasto, y hablar fuera expresar pensamientos y sentimientos y moléculas de colores. Me contaste la historia de un monstruo encerrado en un laberinto, de un héroe, de una niña; yo oía detalladamente cada frase que tu boca escupía. Me tocabas, lentamente me tocabas, como deseando, pensante, algo absorto quizás. Yo un poco más narciso me miraba en el reflejo de tus pupilas, como si lo más lindo que tuvieras fuera mi imagen, yo como luna y vos como mar, contemplándonos eternamente cada noche. Solos, distantes y cercanos a la vez. Soy la causa de tus mareas, y sin embargo, a veces la marea soy yo. Entonces caí lentamente en ti, y ya no me reflejabas, eras vos en tu totalidad, pintándome la piel con caricias gorriones, eras ternura, odio y tormenta. Eras amor. Un reloj marcando la hora justa. Una mariposa saliendo de su…

No se si fue después de hablar de la maga, o mientras Janis Joplindesgarraba el parlante negro sobre el escritorio, o quizás en algún otro momento y que por un azar no logro recordarlo, que me tomaste la cara delicadamente y nos fundimos en un solo que beso que ni Dios recuerda cuanto tiempo duró. Mi cuerpo temblaba terriblemente, tus manos en mis flancos, cerré los ojos y sin querer comencé a jugar, lograba descifrar de algún modo la forma que en me acariciarías un segundo más tarde. Pude percibir, o lo poco que me dejaba escuchar la música, unas voces que cruzaban por la vereda y en ese momento sentí el placer de la intimidad, el placer de pecar en lo más intimo de nosotros. Mi corazón se salía por la boca como buscando un lugar donde quepa mejor, pero después algo agotado tal vez, desistió y se conformó con mi pecho.

Nos pusimos más cómodos sobre la alfombra, me desnudaste y te desnudaste. Yo realmente no imaginaba que podría llegar a ocurrir, pero me dejé llevar. Lo hicimos. El experimento del amor que nunca se pareció tanto al amor como en aquel dormitorio verde, en donde dos pendejos hartos de los besos sin sabor decidieron tirarse a los brazos de Eros. Ni tú, ni yo ni nadie, eramos otros. Unas cosas que se movian, que sudaban al compás de la canción, subidos en nubes. En un momento pensé que los cuerpos se desvanecían, que ibamos a morir, que eramos alma.

Luego de terminarlo todo- debo confesar que yo seguía con ganas pero tenerte ahí tan al lado, tan cerca, tan súbitamente dormido- en praderas rupestres modernas nos tiramos a contemplarlos, a mirar el mundo, a ver la envidia que corroía sus mentes. Lo habíamos logrado, habíamos encontrado la eternidad en el fulgor, el espacio en la memoria, la vuelta al mundo en un segundo, el espanto de nuestros patriarcas, matamos al pensamiento, hicimos del momento nuestro refugio. Y no nos conformamos sólo con eso, si no que en un momento me miraste como pidiéndome, pero sin permiso te acercaste a la repisa y tomaste un pequeño librito, y en un bocado matamos algunos versos de Shakespeare. Fue ahí cuando nos pusimos a pensar en lo bueno que sería perpetuar esto, en lo frío que son los pisos cuando uno termina de hacer el amor y se va al baño, en que ni yo me llamo Franco ni vos Joaquín. Y esto fue lo que ocurrió, cuando nos tiramos en la cama y soñamos sobre cosas absurdas, dejamos de ser nosotros y comenzamos a transformarnos en colchón, es su historia. Ahora somos Franco y Joaquín y luego colchón, ninguna premisa se pone de acuerdo, quizás, dentro de muchos años cuando ya no viva en la casa de mis padres nos llamemos regalo para la casa de huérfanos de la calle Dumbland.

martes, 23 de febrero de 2010

Diarios de familia

A Toto Garay

Un profesor de literatura que hubiera elegido

Un colchón se compra en Rivadavia y Junín, en una ciudad donde la soledad no acecha a todos, y donde los árboles crecen increíblemente verde, alejado ya de su reposo provisorio es tirado sobre la cama de un dormitorio de la familia García. Entre las ventanas enormes entra el sol y lo ve ahí tirado cada día, sin más que poder servir de vigilante del sueño de Franco y su actual amor.

Ahora estamos tirados sobre la alfombra de mi dormitorio pero pronto nos avecinaremos, irreversible y vehemente, a la danza del amor. Lo sé porque tienes esa forma de mirarme, ese espejo, esas pulseritas en tus muñecas de quién sabe dónde ni cuando. Además tenías esa forma tan poco ordenada de doblar el dinero en tu bolsillo, las comisuras a medio sonreír, una remera blanca y esa voz tan suave y tan lenta que podía calmarme en los momentos más adrenérgicos. Tenías un montón de cosas que sólo yo las veía, pero sobre todo tenías literatura, poesía. No, quizás me equivoco, no quiero hacerlo pero es posible, vos vivías en la poesía, como si acostarse no fuera acostarse sino sembrase contra el pasto, y hablar fuera expresar pensamientos y sentimientos y moléculas de colores. Me contaste la historia de un monstruo encerrado en un laberinto, de un héroe, de una niña; yo oía detalladamente cada frase que tu boca escupía. Me tocabas, lentamente me tocabas, como deseando, pensante, algo absorto quizás. Yo un poco más narciso me miraba en el reflejo de tus pupilas, como si lo más lindo que tuvieras fuera mi imagen, yo como luna y vos como mar, contemplándonos eternamente cada noche. Solos, distantes y cercanos a la vez. Soy la causa de tus mareas, y sin embargo, a veces la marea soy yo. Entonces caí lentamente en ti, y ya no me reflejabas, eras vos en tu totalidad, pintándome la piel con caricias gorriones, eras ternura, odio y tormenta. Eras amor. Un reloj marcando la hora justa. Una mariposa saliendo de su…

No se si fue después de hablar de la maga, o mientras Janis Joplin desgarraba el parlante negro sobre el escritorio, o quizás en algún otro momento y que por un azar no logro recordarlo, que me tomaste la cara delicadamente y nos fundimos en un solo que beso que ni Dios recuerda cuanto tiempo duró. Mi cuerpo temblaba terriblemente, tus manos en mis flancos, cerré los ojos y sin querer comencé a jugar, lograba descifrar de algún modo la forma que en me acariciarías un segundo más tarde. Pude percibir, o lo poco que me dejaba escuchar la música, unas voces que cruzaban por la vereda y en ese momento sentí el placer de la intimidad, el placer de pecar en lo más intimo de nosotros. Mi corazón se salía por la boca como buscando un lugar donde quepa mejor, pero después algo agotado tal vez, desistió y se conformó con mi pecho.

Nos pusimos más cómodos sobre la alfombra, me desnudaste y te desnudaste. Yo realmente no imaginaba que podría llegar a ocurrir, pero me dejé llevar. Lo hicimos. El experimento del amor que nunca se pareció tanto al amor como en aquel dormitorio verde, en donde dos pendejos hartos de los besos sin sabor decidieron tirarse a los brazos de Eros. Ni tú, ni yo ni nadie, eramos otros. Unas cosas que se movian, que sudaban al compás de la canción, subidos en nubes. En un momento pensé que los cuerpos se desvanecían, que ibamos a morir, que eramos alma.

Luego de terminarlo todo- debo confesar que yo seguía con ganas pero tenerte ahí tan al lado, tan cerca, tan súbitamente dormido- en praderas rupestres modernas nos tiramos a contemplarlos, a mirar el mundo, a ver la envidia que corroía sus mentes. Lo habíamos logrado, habíamos encontrado la eternidad en el fulgor, el espacio en la memoria, la vuelta al mundo en un segundo, el espanto de nuestros patriarcas, matamos al pensamiento, hicimos del momento nuestro refugio. Y no nos conformamos sólo con eso, si no que en un momento me miraste como pidiéndome, pero sin permiso te acercaste a la repisa y tomaste un pequeño librito, y en un bocado matamos algunos versos de Shakespeare. Fue ahí cuando nos pusimos a pensar en lo bueno que sería perpetuar esto, en lo frío que son los pisos cuando uno termina de hacer el amor y se va al baño, en que ni yo me llamo Franco ni vos Joaquín. Y esto fue lo que ocurrió, cuando nos tiramos en la cama y soñamos sobre cosas absurdas, dejamos de ser nosotros y comenzamos a transformarnos en colchón, es su historia. Ahora somos Franco y Joaquín y luego colchón, ninguna premisa se pone de acuerdo, quizás, dentro de muchos años cuando ya no viva en la casa de mis padres nos llamemos regalo para la casa de huérfanos de la calle Dumbland.