lunes, 9 de agosto de 2010
La poesía
lunes, 2 de agosto de 2010
A mi me paso una vez que

...A los diez años, cuando Marta espigó de golpe y él tuvo la apendicitis supurada, los juegos asumieron estilo, elegancia. Ya no iban improvisadamente al jardín, apenas doblada la servilleta; usaban la sobremesa para madurar el empleo de la tarde; ingresaban en las diversiones intelectuales, los blocks recortados para hacer papel moneda, secantes y sellos de goma, un escritorio a veces banco de préstamos, a veces oficina pública. Sólo la hora alta del calor, con el jardín llamándolos, imponía los prestigios de la siesta; si reincidían los juegos de guerra, ya entre carreras y prisiones insertaban planos de tesoros, partes sonoros, discursos y sentencias de muerte; con rescates o ejecuciones a fusil, en las que Carlos María se desplomaba lleno de gracia y heroísmo.
martes, 27 de julio de 2010
Pameos

lunes, 26 de julio de 2010
Uno y días como esos.
Tomamos unas chevas? Dijo uno. Bueno dale dijeron casi al mismo tiempo. Uno se puso a tocarle el cordoncito de la capucha de su campera, mientras el otro hablaba de la seguridad. Un vacío entre ellos, la separación, la palanca de cambios, uno en cada asiento, la seguridad en otra parte y en el cinturón. Es que sí, detesto la seguridad, detesto la gente que va a lo seguro, o sea ¿con qué necesidad? El del asiento del conductor seguía mirando, escuchándolo, Es que sí para qué quieren la seguridad, no se necesita, estar expectante a que algo va a salir mal si no ponemos esto o lo otro sobre la mesa, entonces también las religiones nacen de la falta de seguridad de la gente, o esa cosa que se llama ser precavido. Arrancó el auto y salieron a dar unas vueltas, el acompañante seguía, lo seguro es una mierda pura, mil ojos de argos, todos somos inseguros y la belleza está en las vulnerabilidades, en los talones de Aquiles que tenemos, en la porción de la espalda de Sigfrido que se le pegó la maldita hoja de tilo ¡Qué hoja de mierda! Doblaron en una calle oscura, frenaron frente a un parque con pista de skate. Si él se hubiera dado cuenta de que no todo su cuerpo fue bañado por la sangre del dragón, pero bueno, no salió. Es que si sabés que algo es seguro, sería aburridísimo, ahora nos tiramos en la cama, nos sacamos la ropa, hacemos el juego del amor o del sexo o de la palabra muda o de lo que fuera. Ignorar el futuro suele ser la mejor parte de estar vivos, dentro de la cual, es importantísimo estar atentos a esos sucesos que podrían llamarse improbables, pero que son los más dulces. Tomar la rienda de acuerdo al segundo vivido, sí, lo otro ya se fue, estamos en otra. El conductor lo miraba, como ido en otros pensamientos, entonces tenés que dejar la seguridad y tirarte de lleno en esto que no sabemos bien que es, que no es ni bueno ni malo ni lindo ni feo, dejar de lado la moral, tirarse al vacío y llenarse de eso. El conductor comenzaba a tocarle las manos al acompañante, las miradas entre las palabras, la calle oscura, los ojos brillantes, es que si ya te conocés la historia por completo ni vas a querer vivirla, es obvio que si me iban a matar en la calle hoy no iba a salir, no te parece? Bueno entonces, si nos entregamos ciegamente a la muerte, por qué no podremos entregarnos sordamente a la vida, eh? Se miraron un rato, nadie dijo nada, el juego ya estaba jugado. Por eso me molestan esas personas que se aseguran de mil cosas antes de salir de su casa. Si no se puede no se puede, y listo. Aceptar es parte de la vida también, dejemos de forcejear las cosas, somos ladrones de nuestros destinos, somos lo peor que nos puede pasar si actuamos de esa manera. Sufrimos, todos sufrimos, así que nada de miedo. Yo cuando veo a alguien un poco cómodo, dudo! Dudo mucho. No puede ser que estés cómodo en la vida, la comodidad se fue cuando te parió tu madre entonces no me vengas con que sos el pibe más tranquilo del mundo por que no da. Decíme aunque sea que no te gusta el puto suelo que no para se ser tan duro, decíme lo que quieras, menos que todo esta bien. Odio completamente eso, nada sigue bien después del parto, el útero es el lugar más cómodo del universo, ni los sueños ni la droga ni el alcohol, pero, decíme aunque sea que las cosas podrían estar peor. Odio que se hagan los que está bien y busquen esa miga de seguridad, que en realidad no significa nada más que una creencia para ellos, no? No se miraron, cerraron los ojos y las bocas se encontraron en un beso que abrió la noche hacia otros juegos de azar. Qué lindo cuando podés pasarte horas atándole hilos que encontrás casualmente por la vida, a alguien que encontrás casualmente por la vida, en esta vida que nos encuentra aca, juntos en el auto. A uno le faltan más días como estos para sonreír todo el año.
viernes, 23 de julio de 2010
Juegos mentales
De repente se tiraron frente a un árbol sin nombre, se miraban, se tocaban. Se besaban. Lamentablemente no se dio, pero a veces esas cosas pasan, y los planes son esas otras cosas que nos hacen sufrir. A usted lo que le falta es dejar de pensar y comenzar a vivir en el vacío. Vivir. A uno no le falta nada, pues no planeo todo lo que nos pasó.
martes, 6 de julio de 2010
A veces quisiera uno tener pecas
lunes, 28 de junio de 2010
Los sueños de uno
Al uno que tiene usted y que enamora
al más uno de mis unos
Tu cuerpo
Un vestido desnudo listo para
Mis besos
Pábulo necesario que provoca
La risa
Me mira atentamente desde la boca
Ríe
Y me da cosquillas violetas en
Los flancos
Que imantados atraen por completo a
Mis manos
Pinceles de cinco cerdas que pintan
Tu piel
El más suave de los lienzos
Bendito
Eres en mi habitación muda
Yo tu él
Nunca hay ella entre nosotros
Los recuerdos
Que no tengo son
Los momentos
Que nunca hemos vivido y
El mundo
Es todo lo que le sobra a uno desde
Mi dormitorio
Cuando respiro así,
Papelito de celofán
Grillito
Semicorchea
Te quiero mucho y nunca te he tenido aún
Mis sueños
Atrapados en los tuyos y
Las pesadillas
Fugaces, como los ustedes, se han ido
Y uno
Es todo lo que queda entre nos
Te quiero
Entre mis sábanas y no
Pecesito, amapola
Luciérnaga
Siestita.
viernes, 25 de junio de 2010
De lujos y demás yerbas
El sillón egg frente a la lámpara art deco sobre el escritorio. Algún que otro sillón Madrid o Barcelona dando vueltas. Las luces en armonía con la entrada de luz del exterior. Usted: exquisito y casi siniestro. Van Der Rohe, Baliero o Aalto se codean con su casa, un estado de complejidad perfecta. La verdadera belleza, las formas, todo entra en un cuadro de simple similitud adicional al centro de las oraciones más efímeras. Como decir por ejemplo: la luna que llama, que a tientas mira, entre tanto todo se deshace sin figurarse por completo, en la tierra el río y sobre éste el reflejo abanicado de una luna que sonríe. En la cama doradas sábanas de algodón egipcio de mil hilos, la pasión de una pareja bien acentada. Relaciones por semana: 2 con suerte. Entre tanto, la cocina un lujo, por no hablar del baño que se consume mientras se lo ve. Al que tenga que le den, que porcelana, que mármol y marfil, que tupé.
En cambio en otros lados asoma una simple cortinita, el pasto en la maceta vacía, la mesa de plástico y las sillas de madera, la cama de una plaza. El baño. Las cenas más lindas, miles de escenas de amor sobre la cama o el suelo, la luz entrando por los agujeros de las cortinas. Es cierto muchas veces. A uno le basta con tener un techo para estar bien. Centrado, contento y un poco feliz también
jueves, 17 de junio de 2010
POR FAVOR, TENGA EL VALOR DE MATARME

Por favor, tenga el valor de matarme ahora mismo, hágalo de una vez, ya ni siquiera me aguanto. Y se lo digo a usted, señor y señora “natural” que me considera un bicho raro, una piedra o menos. Algo tan audaz capaz de escaparse de la declaración de los derechos humanos, algo que no corresponde a la familia humana, algo NO igual, algo completamente alienable a los derechos. Y es un decir que se lo digo, se lo estoy pidiendo, en verdad, ya no merezco la vida si ha de ser como usted la proclama. Es que para seguir así no sigo nada, si fuera tan valiente seguramente ya me hubiese suicidado, pero prefiero que mi ejecutor sea usted. Usted que considera “natural” tirarme un insulto diferente cada día sólo porque camino diferente, porque si soy mujer visto muy masculino, y si soy varón no debería mover la “cola” de esa manera; y si soy transexual prefiero ni hablar, porque estoy muy por debajo de la respetabilidad, y la página del diccionario que contenía a la palabra respeto la he quemado en la chimenea junto a mis sueños de igualdad.
Tenga el valor y máteme ahora mismo, por favor. Y si se lo pido a usted es porque sé que ser heterosexual lo hace igual a todos, y es por eso que siendo heterosexual usted cría hijos modelos que no son homosexuales como yo o mis padres homosexuales o quizás asesinos o alguna otra aberración de la naturaleza. No, porque usted no cría ni hijos mentirosos, y mucho menos corruptos; usted los cría a imagen y semejanza. Sus hijos no sólo saben el padre nuestro sino que también saben aceptar a cada una de las personas que pertenecen a su población. Muchas gracias por criar hijos como esos.
Tenga el valor y máteme ahora mismo. Que si se lo pido es porque sé que usted defiende a la familia y a partir de ésta ejerce su derecho de protección de la sociedad y del estado. Porque si uno como yo tuviese que adoptar un hijo saldría trastornado, como yo que soy tan perjudicial para la salud de la nación y del mundo como lo es un cigarrillo. A usted que tiene una familia bien conformada regida en las leyes de dios, que sabe que la fidelidad está en el matrimonio; que no cree en el cuento de que las mujeres que por las noches están en las calles sean prostitutas, y que sabe perfectamente que si lo fueran, la prostitución estaría en decadencia pues sólo utilizarían ese servicio los adultos solteros o viudos y heterosexuales como usted. Benditas sean.
Tenga el valor de matarme. A usted se lo digo, que es un sabio y conoce la historia y la filosofía desde
Tenga el valor, hágalo. Que sólo usted tiene derechos. Uno, por ser homosexual tiene como deber pagar a tiempo los impuestos sin ser un ciudadano completo. Uno, homosexual como es, no puede casarse, y si acaso mi pareja (del mismo sexo) llegase a morir, uno no podría cobrar pensión ni seguir teniendo su obra social, pues uno ya no es ciudadano, si no un esclavo de usted. El dinero de mis impuesto bien va hacia la educación de sus hijos ¿Y los mios? Ah, cierto que no puedo adoptar. Si, todo es egoísta. Querer tener un hijo es egoísta, querer recibir dinero de un muerto es egoísta, ego puro somos los homosexuales. Tanto que sólo pedimos que nos traten de la misma manera que a usted.
Hágalo ya, tome el arma y máteme. Que si ya no puedo salir a la calle sin insultos, que si ya no me respetan, que si desacreditan el amor verdadero que siento por alguien del mismo sexo, que si no podré tener hijos con mi pareja pero si soltero, que si sólo se fijan en mis deberes como ciudadano y no en mis derechos, que si la excusa es siempre Dios, entonces así no quiero vivir. Y aunque me duela la bala mientras entre, no me va a doler mucho más que esta vida, prometo no quejarme. Lo juro por Dios.
miércoles, 9 de junio de 2010
De la locura de uno
viernes, 21 de mayo de 2010
Días de abuelas y ayeres
lunes, 10 de mayo de 2010
Usted es Uno
lunes, 3 de mayo de 2010
Sin título 2
Después de una ardua semana de trabajo y de lecturas complicadas uno se decide darse tiempo para el ocio, y ya no opta como en otras épocas por sentarse una noche a mirar el cielo perfectamente estrellado de su hemisferio, sino más bien prefiere la compañía de sus pares, la socialización al exilio. Entonces usted se para frente al almanaque y al reloj y comprime en tres oraciones inconclusas el paso de su vida por la tierra, y se siente contento y amable. Hasta de momento cree ser solidario, parte de la globalización y un poco bonachón por haber ayudado a cambiar el terrible curso del mundo, de lo inhóspito hacia lo habitable. Y para no sentirse menos, ya que hoy en día se sabe que todo el mundo es como usted o quizás mejor, se conforma con ser útil en la vida.
Una vez fundido los pensamientos del yo y de lo terrestre, usted concluye que es hora de existir nuevamente y ve las posibilidades que aporta la ciudad para su merecido fin: disfrutar del placer con los demás habitantes de su ciudad o pueblo o lo que sea. Y dentro de los eventos a los cuales puede asistir, ya no elige los café literarios que últimamente están de modas y han invadido la ciudad en cada esquina como si fueran alguna de esas empresas internacionales en busca de nuestro dinero; sino que desde esa casa tan humilde pero elegante y al ritmo de Johann Krebs (harto ya de Bach) concluye que la mejor de las opciones sería ir a una discoteca de esas a las que ya poca gente concurre. Además esos lugares ofrecen actividades varias, dentro de las que podríamos perder el tiempo con banales enumeraciones. Ya listo, perfumado y bien vestido según el protocolo inglés, llama a sus amigos, que abundan pero prefiere la presencia de unos pocos. Ellos lo atienden con tonos algo agresivos, pero ceden a la invitación de presenciar el boliche y posponen su cita con el café literario para otra ocasión. Entonces ya embarcados en un taxi ustedes llegan al lugar, un verdadero orgasmo visual ante tal obra arquitectónica jamás vista. Entran y se encuentran con los ciudadanos más preciosos y cultos, y de esto surge su primer incomodidad al ver tanto desparramo de grandeza concentrado en el local, por lo que no sabe muy bien cómo obrar allí, y piensa que lo mejor es dejar que pasen un poco las primeras impresiones y luego interaccionar con alguna que otra señorita. Ya es sabido que con cualquiera podría hablarse de Parménides y su noción del no-ser o sobre el por qué de las multitudinarias lecturas de Leibniz. Luego del primer espasmo de decadencia, se lo toma todo con más calma, se acerca a la barra lentamente junto con sus amigos y piden una bebida para pasar el rato. Ya con un vaso en mano, se siente más seguro y se moviliza cerca de la muchacha más bonita del lugar, esa muchacha que la recuerda a Coco Chanel y que tiene los dedos de Eos. No es usted el único que se le arrima, hay varios hombrecillos luchando por charlar con ella, pero se hace la difícil como de costumbre en esos lugares, y tiene un mecanismo de filtro nunca antes visto: antes de poder hablar con un hombre, éste tiene que adivinar su acertijo. Usted es dentro de los pocos que logra acertarlo, y ella le concede el don de su palabra, ya que su belleza está condensada para todo el público. Pero ocurre algo muy desagradable con ella, la conversación torna de lo genial que tiene el azar en un momento como éste a lo malísimo que es clasificarlo a Mallarmé como un poeta maldito, y como ella no está de acuerdo con su opinión deja de hablarle aunque le parezca un buen partido y se retira hacia el toilette. Menoscabado, usted cree que lo mejor es apuntar más bajo, y se pone a discutir con una chica mas bien poco linda. Y como ya es sabido, no se puede discutir con la gente mas bien fea de nada, porque lo que no tienen de bello lo tienen de cabeza. Entonces ella lo supera en sus reflexiones y refuta cada una de sus palabras, haciendo de la comunicación sea mínima y poco productiva para el fin que usted se propuso: amar a una mujer esa noche. Algo mas deteriorado se dirige hacia el sillón donde sus amigos están sentados y ya no piensa más en buscar a otra mujer que se lleve la mejor parte de su cuerpo que es ese corazón podrido de latir. En cambio prefiere seguir la noche bebiendo bebidas ultra fuertes para callar esas voces que lo persiguen y le dicen: eres decadente, todos aquí son mucho para ti. Sus amigos, enojados por su actitud lo dejan sólo en el lugar, y salvan lo que queda de la noche en un café o quizás en una biblioteca que quede cerca. Al pie de la letra usted se queda en un boliche emborrachándose mucho y enamorándose poco. Luego llega a su casa pobre y sin desamorado, y come lo que quedó en la heladera de la cena anterior. Se cepilla los dientes y frente al espejo del baño se siente lo más triste del mundo, un clown con lagrimitas o un mimo, escupes la espuma dental. Se acuesta y no quiere soñar, pero antes de dormirse vislumbra una esperanza: de todo el mundo te corresponde una parte, eres joven y aunque ya nadie le de valor al corazón debes sentirte alegre porque no has encontrado aún lo que los demás creen que si. Una vez en la almohada te sumerges sin querer en un sueño leve, pues no te han quitado eso por las noches. Buenas y hasta mañana cama.
lunes, 26 de abril de 2010
Diario 2
A Toto Garay
Un profesor de literatura que hubiera elegido
Un colchón se compra en Rivadavia y Junín, en una ciudad donde la soledad no acecha a todos, y donde los árboles crecen increíblemente verde, alejado ya de su reposo provisorio es tirado sobre la cama de un dormitorio de la familia García. Entre las ventanas enormes entra el sol y lo ve ahí tirado cada día, sin más que poder servir de vigilante del sueño de Franco y su actual amor.
Ahora estamos tirados sobre la alfombra de mi dormitorio pero pronto nos avecinaremos, irreversible y vehemente, a la danza del amor. Lo sé porque tienes esa forma de mirarme, ese espejo, esas pulseritas en tus muñecas de quién sabe dónde ni cuando. Además tenías esa forma tan poco ordenada de doblar el dinero en tu bolsillo, las comisuras a medio sonreír, una remera blanca y esa voz tan suave y tan lenta que podía calmarme en los momentos más adrenérgicos. Tenías un montón de cosas que sólo yo las veía, pero sobre todo tenías literatura, poesía. No, quizás me equivoco, no quiero hacerlo pero es posible, vos vivías en la poesía, como si acostarse no fuera acostarse sino sembrase contra el pasto, y hablar fuera expresar pensamientos y sentimientos y moléculas de colores. Me contaste la historia de un monstruo encerrado en un laberinto, de un héroe, de una niña; yo oía detalladamente cada frase que tu boca escupía. Me tocabas, lentamente me tocabas, como deseando, pensante, algo absorto quizás. Yo un poco más narciso me miraba en el reflejo de tus pupilas, como si lo más lindo que tuvieras fuera mi imagen, yo como luna y vos como mar, contemplándonos eternamente cada noche. Solos, distantes y cercanos a la vez. Soy la causa de tus mareas, y sin embargo, a veces la marea soy yo. Entonces caí lentamente en ti, y ya no me reflejabas, eras vos en tu totalidad, pintándome la piel con caricias gorriones, eras ternura, odio y tormenta. Eras amor. Un reloj marcando la hora justa. Una mariposa saliendo de su…
No se si fue después de hablar de la maga, o mientras Janis Joplindesgarraba el parlante negro sobre el escritorio, o quizás en algún otro momento y que por un azar no logro recordarlo, que me tomaste la cara delicadamente y nos fundimos en un solo que beso que ni Dios recuerda cuanto tiempo duró. Mi cuerpo temblaba terriblemente, tus manos en mis flancos, cerré los ojos y sin querer comencé a jugar, lograba descifrar de algún modo la forma que en me acariciarías un segundo más tarde. Pude percibir, o lo poco que me dejaba escuchar la música, unas voces que cruzaban por la vereda y en ese momento sentí el placer de la intimidad, el placer de pecar en lo más intimo de nosotros. Mi corazón se salía por la boca como buscando un lugar donde quepa mejor, pero después algo agotado tal vez, desistió y se conformó con mi pecho.
Nos pusimos más cómodos sobre la alfombra, me desnudaste y te desnudaste. Yo realmente no imaginaba que podría llegar a ocurrir, pero me dejé llevar. Lo hicimos. El experimento del amor que nunca se pareció tanto al amor como en aquel dormitorio verde, en donde dos pendejos hartos de los besos sin sabor decidieron tirarse a los brazos de Eros. Ni tú, ni yo ni nadie, eramos otros. Unas cosas que se movian, que sudaban al compás de la canción, subidos en nubes. En un momento pensé que los cuerpos se desvanecían, que ibamos a morir, que eramos alma.
Luego de terminarlo todo- debo confesar que yo seguía con ganas pero tenerte ahí tan al lado, tan cerca, tan súbitamente dormido- en praderas rupestres modernas nos tiramos a contemplarlos, a mirar el mundo, a ver la envidia que corroía sus mentes. Lo habíamos logrado, habíamos encontrado la eternidad en el fulgor, el espacio en la memoria, la vuelta al mundo en un segundo, el espanto de nuestros patriarcas, matamos al pensamiento, hicimos del momento nuestro refugio. Y no nos conformamos sólo con eso, si no que en un momento me miraste como pidiéndome, pero sin permiso te acercaste a la repisa y tomaste un pequeño librito, y en un bocado matamos algunos versos de Shakespeare. Fue ahí cuando nos pusimos a pensar en lo bueno que sería perpetuar esto, en lo frío que son los pisos cuando uno termina de hacer el amor y se va al baño, en que ni yo me llamo Franco ni vos Joaquín. Y esto fue lo que ocurrió, cuando nos tiramos en la cama y soñamos sobre cosas absurdas, dejamos de ser nosotros y comenzamos a transformarnos en colchón, es su historia. Ahora somos Franco y Joaquín y luego colchón, ninguna premisa se pone de acuerdo, quizás, dentro de muchos años cuando ya no viva en la casa de mis padres nos llamemos regalo para la casa de huérfanos de la calle Dumbland.
martes, 23 de febrero de 2010
Diarios de familia
A Toto Garay
Un profesor de literatura que hubiera elegido
Un colchón se compra en Rivadavia y Junín, en una ciudad donde la soledad no acecha a todos, y donde los árboles crecen increíblemente verde, alejado ya de su reposo provisorio es tirado sobre la cama de un dormitorio de la familia García. Entre las ventanas enormes entra el sol y lo ve ahí tirado cada día, sin más que poder servir de vigilante del sueño de Franco y su actual amor.
Ahora estamos tirados sobre la alfombra de mi dormitorio pero pronto nos avecinaremos, irreversible y vehemente, a la danza del amor. Lo sé porque tienes esa forma de mirarme, ese espejo, esas pulseritas en tus muñecas de quién sabe dónde ni cuando. Además tenías esa forma tan poco ordenada de doblar el dinero en tu bolsillo, las comisuras a medio sonreír, una remera blanca y esa voz tan suave y tan lenta que podía calmarme en los momentos más adrenérgicos. Tenías un montón de cosas que sólo yo las veía, pero sobre todo tenías literatura, poesía. No, quizás me equivoco, no quiero hacerlo pero es posible, vos vivías en la poesía, como si acostarse no fuera acostarse sino sembrase contra el pasto, y hablar fuera expresar pensamientos y sentimientos y moléculas de colores. Me contaste la historia de un monstruo encerrado en un laberinto, de un héroe, de una niña; yo oía detalladamente cada frase que tu boca escupía. Me tocabas, lentamente me tocabas, como deseando, pensante, algo absorto quizás. Yo un poco más narciso me miraba en el reflejo de tus pupilas, como si lo más lindo que tuvieras fuera mi imagen, yo como luna y vos como mar, contemplándonos eternamente cada noche. Solos, distantes y cercanos a la vez. Soy la causa de tus mareas, y sin embargo, a veces la marea soy yo. Entonces caí lentamente en ti, y ya no me reflejabas, eras vos en tu totalidad, pintándome la piel con caricias gorriones, eras ternura, odio y tormenta. Eras amor. Un reloj marcando la hora justa. Una mariposa saliendo de su…
No se si fue después de hablar de la maga, o mientras Janis Joplin desgarraba el parlante negro sobre el escritorio, o quizás en algún otro momento y que por un azar no logro recordarlo, que me tomaste la cara delicadamente y nos fundimos en un solo que beso que ni Dios recuerda cuanto tiempo duró. Mi cuerpo temblaba terriblemente, tus manos en mis flancos, cerré los ojos y sin querer comencé a jugar, lograba descifrar de algún modo la forma que en me acariciarías un segundo más tarde. Pude percibir, o lo poco que me dejaba escuchar la música, unas voces que cruzaban por la vereda y en ese momento sentí el placer de la intimidad, el placer de pecar en lo más intimo de nosotros. Mi corazón se salía por la boca como buscando un lugar donde quepa mejor, pero después algo agotado tal vez, desistió y se conformó con mi pecho.
Nos pusimos más cómodos sobre la alfombra, me desnudaste y te desnudaste. Yo realmente no imaginaba que podría llegar a ocurrir, pero me dejé llevar. Lo hicimos. El experimento del amor que nunca se pareció tanto al amor como en aquel dormitorio verde, en donde dos pendejos hartos de los besos sin sabor decidieron tirarse a los brazos de Eros. Ni tú, ni yo ni nadie, eramos otros. Unas cosas que se movian, que sudaban al compás de la canción, subidos en nubes. En un momento pensé que los cuerpos se desvanecían, que ibamos a morir, que eramos alma.
Luego de terminarlo todo- debo confesar que yo seguía con ganas pero tenerte ahí tan al lado, tan cerca, tan súbitamente dormido- en praderas rupestres modernas nos tiramos a contemplarlos, a mirar el mundo, a ver la envidia que corroía sus mentes. Lo habíamos logrado, habíamos encontrado la eternidad en el fulgor, el espacio en la memoria, la vuelta al mundo en un segundo, el espanto de nuestros patriarcas, matamos al pensamiento, hicimos del momento nuestro refugio. Y no nos conformamos sólo con eso, si no que en un momento me miraste como pidiéndome, pero sin permiso te acercaste a la repisa y tomaste un pequeño librito, y en un bocado matamos algunos versos de Shakespeare. Fue ahí cuando nos pusimos a pensar en lo bueno que sería perpetuar esto, en lo frío que son los pisos cuando uno termina de hacer el amor y se va al baño, en que ni yo me llamo Franco ni vos Joaquín. Y esto fue lo que ocurrió, cuando nos tiramos en la cama y soñamos sobre cosas absurdas, dejamos de ser nosotros y comenzamos a transformarnos en colchón, es su historia. Ahora somos Franco y Joaquín y luego colchón, ninguna premisa se pone de acuerdo, quizás, dentro de muchos años cuando ya no viva en la casa de mis padres nos llamemos regalo para la casa de huérfanos de la calle Dumbland.

